domingo, 25 de julio de 2010

¡La celebración en la escuela!

En las escuelas, según las tradiciones, historias o innovaciones que se planteen, son numerosas las oportunidades en las pueden encontrarse alumnos, docentes, familias o invitados especiales. La reunión suele tener como motivo alguna celebración: el inicio de clases o su finalización, el festejo de algún día especial para la escuela como su aniversario de creación, el día del deporte, el de la tolerancia, el de la convivencia en la diversidad cultural, el de la familia, el día mundial de la salud, el día universal de los derechos humanos, el día internacional de la mujer, las fiestas patrias, o tantos otros que caben en las historias de cada escuela, en los calendarios escolares de la región o del país o en la conciencia nacional e internacional que sigue delegando en la escuela la formación en torno a los grandes y graves problemas mundiales, el despertar crítico o la asunción de responsabilidad frente a los mismos. Nos interesa, en este espacio, reflexionar en torno a la celebración con el objeto de reentender su sentido.



El inicio y el cierre del ciclo escolar



Ernesto De la Cárcova, En el jardín, 1907


Para los estudiantes el inicio de las clases, en innumerables ocasiones, significa el reencuentro. Constituye un momento de euforia o de alegría en que amigas y amigos reconstruyen historias no compartidas, en ocasiones del trabajo, en otras del ocio, de nuevos planes o proyectos. La escuela debería diseñar ese tiempo para el reencuentro dándole un formato y un sentido. Para los maestros y profesores este es el momento de celebrar ese nuevo período. Prometer mucho, prometer que se enseñará y que se aprenderá, prometer que las horas en las que se permanecerá en la escuela serán horas promisorias para la formación futura. Señalar todos los éxitos que se podrán obtener y todas las situaciones divertidas por las que se atravesará. No es el lugar para señalar la sanción posible o despertar el miedo. Si las escuelas son instituciones optimistas este es el momento de dar cuenta de ello. Para los padres que nos acompañan este es el momento de ganar su confianza, de establecer acuerdos, de dar cuenta de que formaremos una comunidad en la que compartimos intereses: dar la mejor educación a los niños.




Francisco de Goya, Fiesta popular bajo un puente

El cierre del ciclo constituye una despedida. Sin embargo, esta despedida da cuenta del crecimiento, de los logros compartidos y de la esperanza de mejores desarrollos. Celebrar el crecimiento es festejar la vida, su transcurrir, sus alegrías y desdichas, pero sustantivamente en las escuelas es la celebración por haber cumplido nuestra responsabilidad como educadores y haber contado con niños y jóvenes que vivieron sus experiencias y compartieron con nosotros un lugar privilegiado que es el de ser proveedores, destinatarios y responsables de la educación y del desarrollo de las jóvenes generaciones. El desafío de estos encuentros es el de poder transmitir esa alegría por haber podido compartir ese espacio decidiendo, de manera conjunta, el alcance de esa celebración, cómo otorgarle brillo y sentido sin quitarle el marco festivo propio de las instituciones escolares. Las palabras de algún estudiante, de un docente, de un miembro de la comunidad, o tal vez una foto o una promesa que se guarde o, inclusive, que se descubra alguna guardada durante varios años, nos permitirá ver el paso del tiempo y celebrar el crecimiento. Si cada uno de nosotros pudiera decir cuál fue el logro del año, la actividad que nos resultó más placentera, aquella en la que más aprendimos, la que más nos reconfortó o la que nos llenó de entusiasmo, es probable que luego el recuerdo del período pasado nos resulte profundamente promisorio. Celebrar el paso del tiempo implica celebrar el escollo superado y recordar el mejor tiempo vivido.


Los rituales de la escuela

Ernesto De la Cárcova, Sin pan y sin trabajo, 1894


Izar o arriar la bandera, prometerle nuestra lealtad a ella o a la constitución, tiene por propósito la conformación de la ciudadanía, el respeto por la nación, sus símbolos, formas de vida y gobierno. En estos actos, son los estudiantes, y no los docentes, los actores principales. Son ellos quienes izan, arrían, prometen, juran. Y todos ellos sin distinción deberían participar de los actos, estudiar cómo hacerlo y analizar su valor. La formación política de nuestros estudiantes puede iniciarse con el sentido de estos encuentros que rescatan la idea de nación, la responsabilidad de la participación en ella, la proyección de un país en el que es posible actuar para construir una sociedad más justa y solidaria. Por otra parte, entender el mundo de la diversidad y aprender a respetar a quienes piensan diferente, viven en otras sociedades y prometen otras banderas, forma parte de un currículo esencial para las escuelas de hoy en tanto hace a la formación política de los niños y los jóvenes. El cumplimiento de estos rituales debe ser entendido como una didáctica para la formación política en las escuelas.



Las fiestas patrias


Jean Léon Palliere, Gaucho pialando

Más de una vez, en las escuelas de los primeros niveles de escolaridad, la enseñanza de la historia se entreteje, circunscribe, limita o reduce a las actividades que se despliegan en los actos escolares. Es así como la independencia y la soberanía, la vida en las colonias, sus actividades económicas, los edificios públicos de la época o las tradiciones de nuestros primeros habitantes, quedan teñidas de los vestuarios, las escenografías, los bailes o los fragmentos de las poesías que los estudiantes protagonizan. Discursos de docentes, dramatizaciones o bailes representan el compromiso de las instituciones para celebrar la patria. En esas estéticas de los actos escolares, más o menos logradas según la imaginación o el esfuerzo empeñado de las y los docentes se invierte tiempo en ensayo, en la confección de los libretos y en la preparación escenográfica o del vestuario. Hoy, es difícil que esos actos ayuden a construir la conciencia histórica y la conformación de una memoria colectiva. Es difícil que esos actos constituyan por sí solos la formación histórica y la conciencia de la nacionalidad en la escuela.

Desde finales del siglo XIX los actos y festejos conmemorativos de las fechas patrias tuvieron en la escuela su principal ámbito de construcción. Los hijos de los inmigrantes encontraron un hábitat para la formación patriótica y la construcción de la nacionalidad. El homenaje a los héroes nacionales logró una adhesión emocional perdurable y significativa para esa formación de la identidad nacional. Los manuales y libros de texto a lo largo de las décadas han sido estudiados por numerosos investigadores que reconocen la contribución que éstos han realizado al mantenimiento de las adhesiones a los héroes de la patria y la imagen de nación. También reconocieron que esta imagen es atemporal y ahistórica y generaron una serie de análisis críticos sobre la formación histórica que desplegaron muchos de ellos a la largo de las décadas. Evidentemente, la reconstrucción de la historia que despliegan los actos escolares requiere un estudio cuidadoso de sus orígenes, las fuentes que utilizan hoy para otorgarles significado y su sentido en torno a la memoria histórica que pretenden conformar. Los relatos del pasado que reconstruyen requieren vivencias y fuentes valiosas para superar los reduccionismos sociales. La mirada contemporánea supone conciencia de las diferencias sociohistóricas. La estética de los actos, buscando reproducir el pasado, difícilmente constituya un lugar atractivo o formativo para las y los niños o jóvenes o la comunidad que asiste invitada.


Jacopo Ligozzi, Grupo de tres mujeres. Estudio de escena


Las y los docentes pueden construir en esos actos que constituyen la conmemoración de las efemérides de la nación un lugar de sensibilización ante la violencia, la guerra, la inequidad, la hipocresía. Se trata de celebrar en un espacio las acciones morales reconstruidas con conciencia de los marcos históricos en las que se inscribieron. No se trata de la reconstrucción de significados convencionales sino de dotar de sentido a la educación de hoy. Por otra parte, la educación moral y la educación política para la conformación de la ciudadanía no es igual en todas las escuelas. La injusticia o la desigualdad no se viven de la misma manera en todos los barrios o comunidades. El compromiso de las y los docentes por dotar de sentido cada acto escolar también libra esta batalla pero para el conjunto de las escuelas del país guarda valor conmemorar, celebrar o recordar al mismo tiempo las tragedias o las venturas que conformaron y conforman la nación de hoy.

Quizás, la mayor dificultad de los actos que reúnen a toda la comunidad, es establecer su principal destinatario cuando en ella participan niños, familias y docentes. Sin embargo, entendemos que los principales protagonistas y sus destinatarios son los estudiantes. Discursos, dramatizaciones, exposiciones, narraciones, deben ser comprendidas por sus actores y valoradas por ellos. Al mismo tiempo, es importante señalar que infantil o juvenil no significa puerilidad o banalidad. En cambio, constituye la expresión de lo aprendido, lo comprendido, aquello que es significativo para sus destinatarios y que se expresa en estos actos por constituir un espacio de formación ciudadana, que es la síntesis de una formación política y moral.



El proyecto de la escuela

Cada escuela alberga en su interior historias, recorridos especiales, anécdotas de sus estudiantes o maestros, fortalezas o inquietudes que pueden encontrar un espacio de celebración como parte de conformar un lugar de identidad y de proyección. En las escuelas las y los docentes construyen esos espacios con la mejor de sus intenciones para encontrar un momento en el que la reunión permita sentirse parte de la comunidad y de sus logros. Los deportes, la música, las narraciones, pueden ser algunos de los vehículos que permitan plasmar los encuentros. Importa que cada escuela construya un espacio legítimo y genuino de sus fortalezas para que la reunión sea la expresión de lo mejor de sí misma. Celebrar construye un lugar de encuentro, de compartir nuevas experiencias, de rememorar logros y reentender a la escuela como el mejor lugar para dar albergue a la formación de las jóvenes generaciones.

Lamentablemente nuestro país también tiene una fecha conmemorativa muy dolorosa, recientemente incorporada al calendario de celebraciones, recordatorios y feriados: el aniversario del Golpe de Estado del 24 de marzo del año 1976. En el sitio del Ministerio de Educación “A 30 años” pueden encontrarse diversos materiales que dan cuenta de esta horrenda página de la historia argentina, cercana en las consecuencias que nos ha dejado y que vivimos en el presente, lejana sin embargo desde la memoria para los estudiantes y aún los docentes noveles. Los autores del sitio señalan que entre 1976 y el presente lo que se interpone es una profunda grieta, producida por transformaciones violentas, innovaciones tecnológicas y culturales, y derrumbes. Retoman la interpretación del historiador Eric Hobsbawm quien señala que en el fondo de esa grieta, o entre sus paredes, resistiéndose a la caída definitiva, yacen el estado de bienestar, muchos de los valores de la cultura iluminista que fueron el motor de la experiencia educativa moderna, los todopoderosos estados-nación, el socialismo como forma social alternativa al capitalismo e incluso el lazo social, la posibilidad de sostener una vida en común. ¿Cómo superar esta grieta? Recurren para pensar el problema al filósofo alemán Walter Benjamin, quien señalaba en 1940 que “existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra”. Una cita entre el pasado y el presente, entonces también entre el pasado y el futuro. La grieta que nos distancia a los docentes de nuestros alumnos y, a veces también, a los más grandes de quienes recién se inician en la docencia, puede ser entonces transitada.



Golpe de Estado de 1976

El sitio “A 30 años” da cuenta on line de múltiples recursos para adentrarse en el tema, conocer esa parte de nuestra historia. Lo hace desde múltiples miradas. Aquella que proponen los historiadores, los pedagogos buscando una propuesta educativa que tenga sentido para docentes y estudiantes, desde producciones culturales de músicos y plásticos, y también desde los hijos de los desaparecidos. Ofrece reseñas de films que refieren a diferentes aspectos del Golpe, bibliografía, canciones, afiches. Es muy sentida la Fotogalería , que incluye varios proyectos de reconocimiento de los padres y madres ausentes: “Arqueología de la ausencia”, “Fotos tuyas”, “Tarde”. Da cuenta de proyectos presenciales como “El siluetazo” y los seminarios realizados en los Institutos de Formación Docente de todo el país con fines formativos a propósito del aniversario.

¿Pero cómo se constituyen las celebraciones? El boletín on line de la Universidad de Costa Rica incluye en su apartado “Celebraciones”las siguientes noticias:

Estudiantes de música ganaron premio internacional;
Premian a estudiante en concurso de ensayo;
Premian a funcionarios por matrícula electrónica;
Artes Plásticas designa a tres profesores eméritos;
El Centro de Investigaciones en matemática pura y aplicada perfila el crecimiento del próximo quinquenio.
El hilo conductor serían en este caso los logros (premios a los jóvenes, reconocimiento a las trayectorias, optimización de procedimientos, anticipación de crecimiento). En su artículo “¡Felices Días Feriados!: Consejos para Elegir Celebraciones en la Escuela” , la educadora de la niñez temprana y patóloga del habla y de la lengua, Janet Schmidt, señala diversas estrategias para recuperar momentos valiosos al interior de una comunidad educativa que puedan constituirse en instancias de celebración. La diversidad cultural y religiosa creciente obliga a los docentes a revisar el tratamiento de las efemérides escolares. Para ello recomienda desaprender algunas prácticas y revisar otras. Entre las estrategias más recomendadas, se encuentra el festejo de temas de gran valor moral que trascienden las culturas y religiones, como el Día del Árbol, el Día de la Tierra y héroes y heroínas que se estudien en clase, o sobre los cuales se lea en la literatura.



Ana Frank

Finalmente, las celebraciones, los actos escolares y las conmemoraciones, pueden ser vividos como proyectos que atraviesan las propuestas curriculares de enseñanza y no sólo como el dato de color diario. De esta forma se supera la percepción que tienen muchos docentes donde la preparación de la celebración es una pesada carga, resignificándose a los fines de otorgar sentido a aquello sobre lo que se quiere reflexionar. Así podemos encontrarlo en la propuesta de “Los actos escolares concebidos como proyectos”.

Articulo aportado por:
http://www.educared.org.ar

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