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jueves, 29 de julio de 2010

Primer Encuentro Interprovincial Conectar Igualdad



En la provincia de Córdoba se está desarrollando un encuentro de trabajo de todas las instituciones que participan del programa con directores y supervisores de Córdoba, Formosa, Tucumán y Jujuy; y en una segunda instancia Salta, Misiones, Entre Ríos y Corrientes.
Desde educ.ar, lo cubrimos con el formato Microblogging, una síntesis en tiempo real de las presentaciones.

Como en los blogs, los primeros post muestran los acontecimientos que sucedieron últimos.

VSITALO...Esta muy bueno...

http://recursos.educ.ar/conectar-igualdad/

domingo, 25 de julio de 2010

¿Qué idea de Patria reciben los chicos en los actos escolares?

Por DANIEL ULANOVSKY SACK De la Redacción de Clarín


Cuáles son los valores que se transmiten durante los festejos de las fechas patrias en las escuelas?-Todavía se acentúan los conceptos delineados hace cien años cuando tomó fuerza la educación pública. Pero el país cambió y hoy se perciben como algo alejado de la realidad. En aquel momento, el gran número de población inmigrante provocaba temor en la clase política: se suponía que tanta mezcla de nacionalidades y acentos no ayudaba a consolidar una identidad propia. Los actos escolares aparecían como la mejor ocasión para homogeneizar la base cultural de los chicos, en su mayoría primera generación en la Argentina. Estas celebraciones le daban un significado a la palabra Patria, que se construía a partir de ejes definidos: el origen de nuestros antepasados (12 de Octubre), el nacimiento de la Nación (25 de Mayo y 9 de Julio), el respeto a los próceres que participaron de las gestas (San Martín, Belgrano) y la defensa de los símbolos que nos representan, como el Himno y la Bandera. ¿Es necesario modernizar la forma en que se realizan los actos? ¿Debe pesar más la tradición o la idea de cambio?-Para que las celebraciones no resulten vacías de contenido parece lógico actualizar su significado y relacionarlas con la actualidad. La Argentina vivió modificaciones fuertes: estamos ante una sociedad con mayor grado de participación que la de principios de siglo, con saberes más democratizados. Estos cambios ya se ven reflejados en algunos ritos. Hasta hace poco sólo llegaba a abanderado el mejor promedio del curso; ahora, en cambio, debe ser elegido por los otros chicos. El mensaje parece claro: para representar a un grupo humano hay que tener su apoyo; no basta con la inteligencia. Pero en la mayoría de los actos escolares aún perdura una rigidez histórica. ¿Qué es más importante: la fecha que se celebra o la forma que adopta el festejo? -Ambas otorgan significados. La fecha nos habla del valor de una acción pasada mientras los rituales son necesarios para generar el sentimiento: si uno sabe que en el acto se debe permanecer de pie, en silencio, firme, sin discutir, con fervor entiende que el homenaje implica cierta disciplina y esfuerzo. Lo curioso es que en la Argentina la idea de la solemnidad fue muy bien aceptada por todos los sectores, no se vivía como una imposición del Estado. Creo que se ligaba mucho a la necesidad de la gente de construir un sentimiento de comunidad , de sentirse parte de una tradición. ¿No había sectores contestatarios? ¿Qué pasaba, por ejemplo, con los anarquistas?-Es llamativo: hasta principios de siglo, ellos tenían sus propios colegios ya que estaban en contra de la enseñanza competitiva de la escuela pública. Además, no celebraban los actos que tuvieran relación con la formación del Estado ni sentían apego a los símbolos patrios. Pero resultó tan fuerte el peso simbólico que tuvo en la sociedad el hecho de concurrir a la escuela estatal, que los mismos anarquistas cerraron sus instituciones. De alguna manera, resultaba muy difícil escindirse de la legitimación que otorgaban los años de primaria, en el sentido de compartir enseñanzas y rituales. El espacio de todos ¿Los festejos siempre se celebraron dentro de la escuela o también su utilizó la calle, el espacio público?-En las primeras décadas del siglo resultaba muy común que se realizaran grandes actos en las plazas donde concurrían miles de estudiantes con sus maestros y directivos. En la época de Yrigoyen, por ejemplo, hubo celebraciones que congregaron hasta 80.000 chicos que desfilaban tomando modelos de carácter militarizado. Algunos docentes protestaban por la utilización política de los actos y defendían la idea de que se realizaran en espacios abiertos, pero a nivel comunitario. Con el tiempo, el disenso se hizo más fuerte: un artículo publicado en 1942 en la revista La Obra, un medio de difusión docente no gubernamental, acusaba al gobierno de Ortiz de beneficiarse con el acto del 25 de Mayo. ¿En qué se basaba la crítica?-Ese año el Ministerio de Educación había reunido a miles de estudiantes en la Plaza de la República (hoy Plaza de Mayo) para conmemorar la Revolución. La revista reconocía que el espectáculo había sido magnífico pero se preguntaba quién obtenía los réditos de tanto despliegue. Afirmaba que para la cultura cívica nacional era mejor efectuar concentraciones en el barrio; así la escuela y el pueblo se identificarían profundamente. El reconocimiento al festejo resultaba tan explícito como la crítica: se reafirmaba la necesidad de celebrar pero se discutía la implementación. -Luego de que el país dejó de recibir inmigración en forma masiva, ¿perduró la idea de que los actos escolares servían para dar un barniz de argentinidad a los hijos de extranjeros?-A partir de los años 30, la lucha contra la heterogeneidad cultural y de lenguas empezó a reemplazarse por un nacionalismo que enfrentaba al peligro encarnado en el comunismo. Se hizo mucho hincapié en el respeto a los símbolos nacionales contraponiéndolos con la amenaza internacionalista. En la década del 30 se reglamentó la versión oficial y obligatoria del Himno Nacional para las escuelas y se estableció el Día de la Escarapela y el de la Bandera. En 1936, la Iglesia logró que se incluyera la enseñanza religiosa en las escuelas de la provincia de Buenos Aires y, a su vez, los textos escolares dedicaron más páginas a las batallas militares. Esta fue la respuesta nacional a la dicotomía entre lo argentino y la amenaza internacionalista asociada a las fuerzas de izquierda. ¿Hubo épocas en que se celebraron fechas más políticas que históricas?-Sí. Fue bastante evidente durante la primera época del peronismo. No sólo hubo una presencia contundente de imágenes de Perón y de Evita en las escuelas y en los textos, sino que se impusieron nuevas celebraciones como el 1ø de Mayo, la nacionalización de los ferrocarriles y el Día de la Lealtad. El Ministerio fijaba pautas sobre la forma de desarrollar estos actos. La política entra al aula ¿Cómo se celebraba, por ejemplo, el Día del Trabajo?-Una comunicación de 1949 señalaba que cada establecimiento debía realizar una visita guiada a fábricas, oficinas o talleres cercanos a la escuela. Se debía brindar a los chicos una apología ejemplificadora del esfuerzo humano puesto al servicio de la Nación, capaz de suscitar en el alumno sentimientos de gratitud y de emulación. Este tipo de normativas llegaba de la mano de otras restrictivas, como la prohibición de los manuales Estrada que ignoraban maliciosamente la realidad de la Nueva Argentina propuesta por el gobierno de Perón, además de deformar su proyecto dolosamente. ¿La idea de patria se teñía con los colores del gobierno?-El justicialismo quiso crear la idea de que en la Nueva Argentina, la Nación era Patria y la Patria, peronista. Se reforzaba la unidad imaginaria del país: en los actos participaban, además de los docentes y de los alumnos, soldados, sacerdotes y representantes de los gremios. Era la Nación en chiquito. ¿Por qué después del peronismo se dejó de organizar actos en los espacios públicos?-Se relaciona con la desintegración que vivimos. La calle, el barrio, la plaza eran lugares interesantes cuando se soñaba con una Argentina integrada. El escalón mortal de esa etapa fue el justicialismo que, aunque dividía al país en quienes estaban a favor y quienes en contra, tenía un discurso que subrayaba la idea de un pueblo unido. Cuando llegó la Revolución Libertadora, una parte de la Nación festejó y la otra quedó afuera, estigmatizada. A partir de esa quiebra, el acto patriótico se recluyó en la escuela porque la idea de Patria aparecía dividida, rota. ¿Cómo se vivieron esas luchas de proyectos políticos dentro de las aulas?-Se sintió la ausencia del nosotros que había caracterizado a la Argentina de la primera mitad del siglo. A fines de los cincuenta surgió la lucha por la escuela laica o libre, en la que un grupo defendía la tradición sarmientina y el otro quería reforzar el derecho de las escuelas privadas y religiosas. El debate fue muy duro y tuvo un efecto curioso: por primera vez se discutía la legitimidad de la escuela pública, laica y gratuita. Eso hacía trastabillar al sistema. Y la ausencia de consenso se reflejaba en la imposibilidad de modernizar los ritos patrios durante los actos escolares. Se continuaban las tradiciones pero no había posibilidad de crear nuevas porque no había proyecto común. ¿Los festejos empezaron a ser más formales? ¿Transmitían menos sentimientos? -Los 60 y los 70 se caracterizaron por la falta de legitimidad de los actos patrios. Quizá los alumnos e incluso los docentes no eran conscientes, pero fue la época en que los chicos empezaron a reírse cuando se entonaba el Himno y se murmuraba sobre cualquier tema al escuchar a la directora hablar sobre la Independencia de la Nación. No era, en la mayoría de los casos, una protesta clara, sino un descreimiento de las instituciones que se palpaba en la vida cotidiana y que se reflejaba en esas actitudes. Si usted tuviera que diseñar una política para celebrar las fechas patrias, ¿qué ideas sugeriría? -La manera en que se representan los actos deben ser creíbles para que logren transmitir sentimiento y emoción. Todavía utilizamos escenificaciones alejadas de la vida real: los chicos forman en fila, la maestra los dirige y todos miran hacia el mástil. Habría que lograr un ritual donde el comportamiento se adecue a las relaciones actuales. La señorita ahora es la seño y hace valer su autoridad en una forma menos rígida. La participación aparece como un valor positivo que, en cierta forma, reemplaza a la obediencia.-Claro. Se fomenta que los chicos manejen la palabra, que hagan conocer sus inquietudes. Además, las fechas que se festejan pueden modificarse: me animo a pensar que para mucha gente hoy es más importante el 10 de Diciembre -la recuperación de la democracia- que el 12 de Octubre. Pero eso no se ve reflejado dentro de la institución escolar. Mi idea es que los chicos se apropien de los símbolos: se podría izar la bandera en distintas partes de la escuela o lograr que sea cuidada por cada grado en vez de por una autoridad central. ¿Por qué no hacer, también, una bandera en la propia escuela a partir de materiales que lleven los alumnos? Las opciones abundan, pero lo esencial es que los símbolos reflejen la idea de Patria que tenemos hoy y no la de cincuenta o cien años atrás. Copyright Clarín, 1997.

¡La celebración en la escuela!

En las escuelas, según las tradiciones, historias o innovaciones que se planteen, son numerosas las oportunidades en las pueden encontrarse alumnos, docentes, familias o invitados especiales. La reunión suele tener como motivo alguna celebración: el inicio de clases o su finalización, el festejo de algún día especial para la escuela como su aniversario de creación, el día del deporte, el de la tolerancia, el de la convivencia en la diversidad cultural, el de la familia, el día mundial de la salud, el día universal de los derechos humanos, el día internacional de la mujer, las fiestas patrias, o tantos otros que caben en las historias de cada escuela, en los calendarios escolares de la región o del país o en la conciencia nacional e internacional que sigue delegando en la escuela la formación en torno a los grandes y graves problemas mundiales, el despertar crítico o la asunción de responsabilidad frente a los mismos. Nos interesa, en este espacio, reflexionar en torno a la celebración con el objeto de reentender su sentido.



El inicio y el cierre del ciclo escolar



Ernesto De la Cárcova, En el jardín, 1907


Para los estudiantes el inicio de las clases, en innumerables ocasiones, significa el reencuentro. Constituye un momento de euforia o de alegría en que amigas y amigos reconstruyen historias no compartidas, en ocasiones del trabajo, en otras del ocio, de nuevos planes o proyectos. La escuela debería diseñar ese tiempo para el reencuentro dándole un formato y un sentido. Para los maestros y profesores este es el momento de celebrar ese nuevo período. Prometer mucho, prometer que se enseñará y que se aprenderá, prometer que las horas en las que se permanecerá en la escuela serán horas promisorias para la formación futura. Señalar todos los éxitos que se podrán obtener y todas las situaciones divertidas por las que se atravesará. No es el lugar para señalar la sanción posible o despertar el miedo. Si las escuelas son instituciones optimistas este es el momento de dar cuenta de ello. Para los padres que nos acompañan este es el momento de ganar su confianza, de establecer acuerdos, de dar cuenta de que formaremos una comunidad en la que compartimos intereses: dar la mejor educación a los niños.




Francisco de Goya, Fiesta popular bajo un puente

El cierre del ciclo constituye una despedida. Sin embargo, esta despedida da cuenta del crecimiento, de los logros compartidos y de la esperanza de mejores desarrollos. Celebrar el crecimiento es festejar la vida, su transcurrir, sus alegrías y desdichas, pero sustantivamente en las escuelas es la celebración por haber cumplido nuestra responsabilidad como educadores y haber contado con niños y jóvenes que vivieron sus experiencias y compartieron con nosotros un lugar privilegiado que es el de ser proveedores, destinatarios y responsables de la educación y del desarrollo de las jóvenes generaciones. El desafío de estos encuentros es el de poder transmitir esa alegría por haber podido compartir ese espacio decidiendo, de manera conjunta, el alcance de esa celebración, cómo otorgarle brillo y sentido sin quitarle el marco festivo propio de las instituciones escolares. Las palabras de algún estudiante, de un docente, de un miembro de la comunidad, o tal vez una foto o una promesa que se guarde o, inclusive, que se descubra alguna guardada durante varios años, nos permitirá ver el paso del tiempo y celebrar el crecimiento. Si cada uno de nosotros pudiera decir cuál fue el logro del año, la actividad que nos resultó más placentera, aquella en la que más aprendimos, la que más nos reconfortó o la que nos llenó de entusiasmo, es probable que luego el recuerdo del período pasado nos resulte profundamente promisorio. Celebrar el paso del tiempo implica celebrar el escollo superado y recordar el mejor tiempo vivido.


Los rituales de la escuela

Ernesto De la Cárcova, Sin pan y sin trabajo, 1894


Izar o arriar la bandera, prometerle nuestra lealtad a ella o a la constitución, tiene por propósito la conformación de la ciudadanía, el respeto por la nación, sus símbolos, formas de vida y gobierno. En estos actos, son los estudiantes, y no los docentes, los actores principales. Son ellos quienes izan, arrían, prometen, juran. Y todos ellos sin distinción deberían participar de los actos, estudiar cómo hacerlo y analizar su valor. La formación política de nuestros estudiantes puede iniciarse con el sentido de estos encuentros que rescatan la idea de nación, la responsabilidad de la participación en ella, la proyección de un país en el que es posible actuar para construir una sociedad más justa y solidaria. Por otra parte, entender el mundo de la diversidad y aprender a respetar a quienes piensan diferente, viven en otras sociedades y prometen otras banderas, forma parte de un currículo esencial para las escuelas de hoy en tanto hace a la formación política de los niños y los jóvenes. El cumplimiento de estos rituales debe ser entendido como una didáctica para la formación política en las escuelas.



Las fiestas patrias


Jean Léon Palliere, Gaucho pialando

Más de una vez, en las escuelas de los primeros niveles de escolaridad, la enseñanza de la historia se entreteje, circunscribe, limita o reduce a las actividades que se despliegan en los actos escolares. Es así como la independencia y la soberanía, la vida en las colonias, sus actividades económicas, los edificios públicos de la época o las tradiciones de nuestros primeros habitantes, quedan teñidas de los vestuarios, las escenografías, los bailes o los fragmentos de las poesías que los estudiantes protagonizan. Discursos de docentes, dramatizaciones o bailes representan el compromiso de las instituciones para celebrar la patria. En esas estéticas de los actos escolares, más o menos logradas según la imaginación o el esfuerzo empeñado de las y los docentes se invierte tiempo en ensayo, en la confección de los libretos y en la preparación escenográfica o del vestuario. Hoy, es difícil que esos actos ayuden a construir la conciencia histórica y la conformación de una memoria colectiva. Es difícil que esos actos constituyan por sí solos la formación histórica y la conciencia de la nacionalidad en la escuela.

Desde finales del siglo XIX los actos y festejos conmemorativos de las fechas patrias tuvieron en la escuela su principal ámbito de construcción. Los hijos de los inmigrantes encontraron un hábitat para la formación patriótica y la construcción de la nacionalidad. El homenaje a los héroes nacionales logró una adhesión emocional perdurable y significativa para esa formación de la identidad nacional. Los manuales y libros de texto a lo largo de las décadas han sido estudiados por numerosos investigadores que reconocen la contribución que éstos han realizado al mantenimiento de las adhesiones a los héroes de la patria y la imagen de nación. También reconocieron que esta imagen es atemporal y ahistórica y generaron una serie de análisis críticos sobre la formación histórica que desplegaron muchos de ellos a la largo de las décadas. Evidentemente, la reconstrucción de la historia que despliegan los actos escolares requiere un estudio cuidadoso de sus orígenes, las fuentes que utilizan hoy para otorgarles significado y su sentido en torno a la memoria histórica que pretenden conformar. Los relatos del pasado que reconstruyen requieren vivencias y fuentes valiosas para superar los reduccionismos sociales. La mirada contemporánea supone conciencia de las diferencias sociohistóricas. La estética de los actos, buscando reproducir el pasado, difícilmente constituya un lugar atractivo o formativo para las y los niños o jóvenes o la comunidad que asiste invitada.


Jacopo Ligozzi, Grupo de tres mujeres. Estudio de escena


Las y los docentes pueden construir en esos actos que constituyen la conmemoración de las efemérides de la nación un lugar de sensibilización ante la violencia, la guerra, la inequidad, la hipocresía. Se trata de celebrar en un espacio las acciones morales reconstruidas con conciencia de los marcos históricos en las que se inscribieron. No se trata de la reconstrucción de significados convencionales sino de dotar de sentido a la educación de hoy. Por otra parte, la educación moral y la educación política para la conformación de la ciudadanía no es igual en todas las escuelas. La injusticia o la desigualdad no se viven de la misma manera en todos los barrios o comunidades. El compromiso de las y los docentes por dotar de sentido cada acto escolar también libra esta batalla pero para el conjunto de las escuelas del país guarda valor conmemorar, celebrar o recordar al mismo tiempo las tragedias o las venturas que conformaron y conforman la nación de hoy.

Quizás, la mayor dificultad de los actos que reúnen a toda la comunidad, es establecer su principal destinatario cuando en ella participan niños, familias y docentes. Sin embargo, entendemos que los principales protagonistas y sus destinatarios son los estudiantes. Discursos, dramatizaciones, exposiciones, narraciones, deben ser comprendidas por sus actores y valoradas por ellos. Al mismo tiempo, es importante señalar que infantil o juvenil no significa puerilidad o banalidad. En cambio, constituye la expresión de lo aprendido, lo comprendido, aquello que es significativo para sus destinatarios y que se expresa en estos actos por constituir un espacio de formación ciudadana, que es la síntesis de una formación política y moral.



El proyecto de la escuela

Cada escuela alberga en su interior historias, recorridos especiales, anécdotas de sus estudiantes o maestros, fortalezas o inquietudes que pueden encontrar un espacio de celebración como parte de conformar un lugar de identidad y de proyección. En las escuelas las y los docentes construyen esos espacios con la mejor de sus intenciones para encontrar un momento en el que la reunión permita sentirse parte de la comunidad y de sus logros. Los deportes, la música, las narraciones, pueden ser algunos de los vehículos que permitan plasmar los encuentros. Importa que cada escuela construya un espacio legítimo y genuino de sus fortalezas para que la reunión sea la expresión de lo mejor de sí misma. Celebrar construye un lugar de encuentro, de compartir nuevas experiencias, de rememorar logros y reentender a la escuela como el mejor lugar para dar albergue a la formación de las jóvenes generaciones.

Lamentablemente nuestro país también tiene una fecha conmemorativa muy dolorosa, recientemente incorporada al calendario de celebraciones, recordatorios y feriados: el aniversario del Golpe de Estado del 24 de marzo del año 1976. En el sitio del Ministerio de Educación “A 30 años” pueden encontrarse diversos materiales que dan cuenta de esta horrenda página de la historia argentina, cercana en las consecuencias que nos ha dejado y que vivimos en el presente, lejana sin embargo desde la memoria para los estudiantes y aún los docentes noveles. Los autores del sitio señalan que entre 1976 y el presente lo que se interpone es una profunda grieta, producida por transformaciones violentas, innovaciones tecnológicas y culturales, y derrumbes. Retoman la interpretación del historiador Eric Hobsbawm quien señala que en el fondo de esa grieta, o entre sus paredes, resistiéndose a la caída definitiva, yacen el estado de bienestar, muchos de los valores de la cultura iluminista que fueron el motor de la experiencia educativa moderna, los todopoderosos estados-nación, el socialismo como forma social alternativa al capitalismo e incluso el lazo social, la posibilidad de sostener una vida en común. ¿Cómo superar esta grieta? Recurren para pensar el problema al filósofo alemán Walter Benjamin, quien señalaba en 1940 que “existe una cita secreta entre las generaciones que fueron y la nuestra”. Una cita entre el pasado y el presente, entonces también entre el pasado y el futuro. La grieta que nos distancia a los docentes de nuestros alumnos y, a veces también, a los más grandes de quienes recién se inician en la docencia, puede ser entonces transitada.



Golpe de Estado de 1976

El sitio “A 30 años” da cuenta on line de múltiples recursos para adentrarse en el tema, conocer esa parte de nuestra historia. Lo hace desde múltiples miradas. Aquella que proponen los historiadores, los pedagogos buscando una propuesta educativa que tenga sentido para docentes y estudiantes, desde producciones culturales de músicos y plásticos, y también desde los hijos de los desaparecidos. Ofrece reseñas de films que refieren a diferentes aspectos del Golpe, bibliografía, canciones, afiches. Es muy sentida la Fotogalería , que incluye varios proyectos de reconocimiento de los padres y madres ausentes: “Arqueología de la ausencia”, “Fotos tuyas”, “Tarde”. Da cuenta de proyectos presenciales como “El siluetazo” y los seminarios realizados en los Institutos de Formación Docente de todo el país con fines formativos a propósito del aniversario.

¿Pero cómo se constituyen las celebraciones? El boletín on line de la Universidad de Costa Rica incluye en su apartado “Celebraciones”las siguientes noticias:

Estudiantes de música ganaron premio internacional;
Premian a estudiante en concurso de ensayo;
Premian a funcionarios por matrícula electrónica;
Artes Plásticas designa a tres profesores eméritos;
El Centro de Investigaciones en matemática pura y aplicada perfila el crecimiento del próximo quinquenio.
El hilo conductor serían en este caso los logros (premios a los jóvenes, reconocimiento a las trayectorias, optimización de procedimientos, anticipación de crecimiento). En su artículo “¡Felices Días Feriados!: Consejos para Elegir Celebraciones en la Escuela” , la educadora de la niñez temprana y patóloga del habla y de la lengua, Janet Schmidt, señala diversas estrategias para recuperar momentos valiosos al interior de una comunidad educativa que puedan constituirse en instancias de celebración. La diversidad cultural y religiosa creciente obliga a los docentes a revisar el tratamiento de las efemérides escolares. Para ello recomienda desaprender algunas prácticas y revisar otras. Entre las estrategias más recomendadas, se encuentra el festejo de temas de gran valor moral que trascienden las culturas y religiones, como el Día del Árbol, el Día de la Tierra y héroes y heroínas que se estudien en clase, o sobre los cuales se lea en la literatura.



Ana Frank

Finalmente, las celebraciones, los actos escolares y las conmemoraciones, pueden ser vividos como proyectos que atraviesan las propuestas curriculares de enseñanza y no sólo como el dato de color diario. De esta forma se supera la percepción que tienen muchos docentes donde la preparación de la celebración es una pesada carga, resignificándose a los fines de otorgar sentido a aquello sobre lo que se quiere reflexionar. Así podemos encontrarlo en la propuesta de “Los actos escolares concebidos como proyectos”.

Articulo aportado por:
http://www.educared.org.ar

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